Isla Perdida. Población:

Antes de empezar...

Antes de empezar, solo quiero decir una cosa: en realidad, el aniversario es el sábado 13, pero guarden el secreto. Tengo un amigo gorila de espalda plateada que me debe un favor... ya me entendéis...

¿Otra vez viernes?

Happy birthday to us! Happy birthday to us! Happy birthday mister Naufrago, mister Don and mister Bautista! Happy birthday to us! ¡Bieeeen! Digo... Weeeeeell!
Queridos internautas, hace ya un año que comenzamos nuestra modesta andadura por los cerros de internetvilla, y hubo de todo: especiales, fanáticos religiosos, blogoteca, comentarios de una huelga de hambre, vacaciones forzadas y sin forzar (malditos exámenes)... ha habido de todo, pero de lo que más ha habido han sido cambios. Porque, en esta vida, nada se mantiene, todo cambia. Cuando esto empezó, Justin Bieber era "ese entrañable jovencito oriundo de Canadá".
Pero bueno, en un aniversario hay que hablar de cosas buenas, así que vamos con los contenidos:

- Cómo no, este viernes viene con un especial muy especial: el especial aniversario. Al ser esto un sitio de publicación online, hemos querido rendir un discutible homenaje a la mano que nos da de comer (que en realidad ni es mano ni nos da de comer): la informática, una vez más. En esta ocasión os traemos un manual de socorro que os servirá de gran ayuda (lo cual dudo mucho).

-Seguimos con las cagadas deportivas de Don, que nos muestra los riesgos de una carrera ciclista.

- La actualidad más actual sigue aquí, actualizándose, como lo hace actualmente, así que ya sabes, actualízate con las NoNoticias, pero actualízate aún más con... ¡La noticia del día!

-Kimbo te sigue esperando. Recuerda la leyenda africana: si cambias tu nombre por el de un enfermo, el enfermo sanará. Cada día mueren 20.000 niños por enfermedades que pueden ser curadas. Únete a la nueva campaña de UNICEF.

Bueno, poca cosa más podemos decir ya. A los que habéis seguido fieles, que según pone ahí sois pocos, pero bien avenidos, muchas gracias por permanecer ahí con nosotros, y a los que no lo habéis sido, pasad, no es necesario ni que os limpiéis los zapatos. ¡BIENVENIDOS!

La blogoteca

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Diez preguntas informáticas indispensables…


… que Bill Gates se olvidó de respondernos. De cara tanto a celebrar como a rememorar la ya famosa lista de Bill Gates y sus claves para el éxito, aquí tenéis esta especie de glosario, con diez preguntas que te harán preguntarte por qué no cogiste una telesketch en lugar de un ordenador:

1- ¿Es realmente útil?
Es casi ilógico pensar en plantearse esta pregunta: internet es casi la nueva televisión, y el ordenador ni os cuento. ¿Quién podría vivir más de quince minutos sabiendo que el ordenador está estropeado? Aun así, en la mayoría de los casos, la situación es la siguiente: hace ya más de un mes que te metieron el troyano, y el ordenador te va a trompicones, pero no lo llevas al servicio técnico, en parte por pereza, en parte por tacañería, y en una parte mucho mayor porque sabes que lo tendrán allí encerrado durante una larga temporada, demasiado tiempo como para que puedas permitírtelo, porque, además de usar el ordenador para trabajar, utilizas internet como fuente de información principal, y ya no se te ocurriría recurrir a un diccionario, o a una de esas enciclopedias… ¡que escalofríos da solo pensarlo! ¿Y luego qué? ¿De vuelta a las cavernas? El caso es que no puedes prescindir de él, aunque ya ni siquiera reconoce la memoria externa. Tu conexión de alta velocidad está siendo utilizada por medio vecindario, y, cuando puedes, la utilizas para bajarte música y ver películas, pero de los doscientos discos que tienes en el ordenador, solo has podido escuchar tres o cuatro, y de todas las películas que tenías planeado ver, solo puedes ver alguna, y con mucha paciencia, porque de lo lenta que va tu conexión de alta velocidad, tienes que pararla cada cinco minutos para que cargue. ¡Las maravillas del progreso, señoras y señores, solo nos hace la vida más fácil! Y hablando de utilidad…

2- ¿En qué punto una llamada al servicio técnico deja de servirte de ayuda?
La pregunta correcta sería ¿En qué punto una llamada al servicio técnico pasa a convertirse en una matanza salvaje? Hay tantas cosas discutibles en este servicio que no creo que pueda enumerar más de unas cuantas: para empezar, lo de asistencia 24 horas es una vil farsa, en realidad la mayoría de las veces es la fría y deshumanizada voz de un robot la que te dice que los operadores están ocupados, y vas a tener que esperar, y cómo no, la llamada no va a ser barata. Cuando contestan, nos toman por idiotas. ¿Quién no ha oído la famosa frase “está seguro de que el aparto está conectado a la red eléctrica”? Que te dan ganas de contestar “¿Ah, que es en la red eléctrica? ¡Claro! ¡Ya sé dónde está el problema! ¡Me había metido el enchufe por el culo y por eso no me dejaba reproducir archivos de audio!”, y mientras tú esperas pacientemente con una crispante canción, durante la cual sueltas de cuando en cuando algún “me cago en su puta madre”, el operador te está escuchando, y seguramente se lo esté contando a sus compañeros operadores mientras se echa unas risas desde la seguridad del “mute”. El caso es que, obviando cambios de operador, instrucciones contradictorias y mil desvaríos más, al final descubres que tu llamada para ver si podías solucionar el problema tú mismo te ha costado más que llamar a un técnico, para que no tarde en volver a estropearse.

3- ¿Cuándo tiene tu ordenador suficientes complementos?
Por ejemplo, basándonos en el testimonio de un cliente anónimo de PC Market, “porque no eres precisamente una lumbrera” (marca ficticia para depurar responsabilidades, el caso puede no corresponderse completamente con la realidad, Cartas desde la Isla queda exenta de responsabilidad legal por los contenidos publicados) que acudió a su tienda para comprarse una webcam y un micrófono. ¿Los motivos? Puro mimetismo informático: su compañero de trabajo se había comprado los mismos complementos aquella misma semana.
—Saludos, honrado comerciante —dijo el hombre—. Espero que pueda ayudarme con su criterio. Estoy buscando una webcam y un micrófono como los de mi compañero de trabajo.
—Pues verá, eso depende de la marca y el modelo de los productos que haya elegido su compañero —responde el vendedor, con una fingida sonrisa para ocultar su apatía.
—No lo sé, joven, solo sé que se los ha comprado para hablar con sus primos de Toledo.
— ¡Ah! ¡Perfecto entonces! —Responde el vendedor, con una sonrisa auténtica en esta ocasión—. ¡Sígame! Con estos dos aparatos no tendrá ningún problema para comunicarse con sus parientes de Toledo.
—Pero si yo no… —responde dudoso el cliente, sabedor de que no tiene primos en Toledo, e incluso sospechando que allí el único primo es él, pero no las tiene todas consigo, la seguridad del vendedor es demasiado apabullante.
— ¡Claro que sí, hombre! —Insiste el vendedor, que tiene entre sus manos dos chismes tan caros que bien podrían funcionar por arte de magia—. ¿Cómo no va a poder los instrumentos de su compañero hablar con sus primos de Toledo y los suyos no? ¡Estos dos aparatos tienen todo lo que necesita! —Y ya le tiene en el bote.
Este ejemplo da que pensar…

4- ¿Sabemos tanto de informática como creemos?
Esto me recuerda a un ejemplo más que evidente: Fernando Alonso. Cuando Fernando Alonso comenzó a arrasar como piloto, no había bar en el que, apoyados sobre la barra, un montón de borrachos comentasen la carrera, e incluso discutiesen a voces sobre si las ruedas blandas serían suficientes como para terminar el circuito. Todo el mundo se había vuelto experto en Fórmula 1. Y yo me pregunto ¿no ha sucedido exactamente lo mismo en este campo? Si el hombre de la webcam y el micro no hubiese intentado ir de listo con su compañero de trabajo, el vendedor de PC Market (marca ficticia para depurar responsabilidades, el caso puede no corresponderse completamente con la realidad, Cartas desde la Isla queda exenta de responsabilidad legal por los contenidos publicados), que, al fin y al cabo, está haciendo su trabajo, no le habría timado. Pero, entonces…

5- ¿Quién tiene la culpa de todo esto?
Pues me parece más que evidente también: los culpables son los mismos que decidieron que las cintas de música ya no valían, ni las cintas VHS, ni los lp (aunque estos están volviendo al mercado), y había que volver a comprarlo todo una vez más. Los mismos que sacan al mercado un ordenador de último modelo, y al año el mercado está lleno de ordenadores más baratos y con mejores características. Dentro de nada los regalarán con las tapas del yogur, pero nos seguirán clavando en el servicio técnico. A propósito, ¿puede ser que el lp esté volviendo para luchar contra la piratería? Lo cual me hace pensar…

6- ¿Se puede luchar contra la piratería?
Cierta empresa mafiosa, con servicios abusivos y ansias de monopolio cree que sí, pero no solo lo cree el gobierno, también lo cree la SGAE. ¿Pero qué pasaría si pasásemos junto a uno de sus carteles de “La piratería mata la música” o “Salvemos la propiedad intelectual”, de grupos afiliados a quienes-vosotros-sabéis. Parece muy bien hecho… ¿se habrán comprado algún programa de diseño gráfico? Yo que sé, el photocad (marca ficticia para depurar responsabilidades, el caso puede no corresponderse completamente con la realidad, Cartas desde la Isla queda exenta de responsabilidad legal por los contenidos publicados) o algo así. Esto nos lleva a la siguiente pregunta:

7- ¿Qué coño pasa con los manuales de instrucciones?
Más idiomas de los que existen en cada uno de ellos, esquemas que parecen de otros aparatos, botones que, sencillamente, no están… estas son solo unas pocas de las características de este instrumento del demonio. ¿Mi teoría? Seguramente quieran tomarnos por tontos y arrojarnos a los brazos del servicio técnico una vez más. Lo más normal que suele suceder al leer un manual de instrucciones, es lo que le sucedió a nuestro amigo, el cliente anónimo de PC Market (ya sabéis…):
—Cariño, ven a ayudarme a conectar la webcam, anda, que ya verás que pronto estamos hablando con los primos de Toledo —le implora el hombre, que evidentemente no se ha enterado de nada, a su mujer.
—Gilipollas —responde esta, muy comprensiblemente, pasando de largo.
—Está bien, creo que podré yo solo… “instruction guide”, no, esto no es “руководство по эксплуатации”, esto creo que tampoco… “manual de instrucciones” ¡Aquí está! —Exclama, henchido de orgullo, y comienza a leer—. “No vierta agua, ni otros líquidos, sobre el producto”, hecho, “no arroje el producto a los transeuntes”, hecho también… —pero la cosa se complica para nuestro compañero—. “Al conectar el producto, utilice el cable de ocho pines, si su equipo informático carece de salida wan miniport, pero utilice el conector h-5473928-j3 si dispone de salidas USB libres. Recuerde antes configurar su equipo electrónico para entrada w-lan, si no dispone de wan miniport, o para salida USB, si dispone de puertos USB libres. Si dispone de salida wan miniport, conéctela de la forma habitual”… ¡Joodeeer!… Y yo sin avisar a los primos de Toledo.
Curiosamente, las instrucciones básicas se acaban contraviniendo, y el producto acaba estrellado en el asfalto.
Sin embargo, una vez obviado todo esto (por suerte), llega otro problema habitual, que nos lleva a la siguiente pregunta.

8- ¿Por qué nuestros equipos domésticos se calan, se cuelgan, se estropean en pleno uso… y otros productos no?
Es de locos pensar que, después de lanzar una sonda al espacio, los ordenadores de la NASA se cuelguen, o que, en pleno vuelo, el instrumental de a bordo se quede pillado, con el consecuente hostión contra el suelo, o incluso que, en una base militar, se cuelgue el instrumental y los misiles se lancen. No me imagino yo al jefe del proyecto de la NASA diciendo “que contrariedad… habrá que llamar al servicio técnico”, o al piloto del avión en cuestión quejándose “vaya, primero la cafetera en casa y ahora esto”, o, Dios no lo quiera, al capitán de la base militar diciendo “bueno, ya se sabe, el instrumental armamentístico… bueno, mala suerte, espero que la cafetera sí que funcione”. ¿Por qué permitimos que nos vendan equipos informáticos estropeados? Y lo más grave…

9- ¿Por qué permitimos que, los que no están estropeados, los estropee algún gilipollas?
¿Qué gracia tiene meterle un virus en el ordenador a un pobre hombre y jodérselo? Vete al ordenador del director del Banco Central del País (no lo repito más veces) y saca de ahí cuantos millones puedas, nadie te lo va a recriminar, total, si ese dinero lo pierden las compañías de seguros, pero no vayas a un pobre oficinista y le jodas el trabajo, como si no fuera ya bastante difícil que algo lo echara todo por tierra. Aun así, ¿qué haces? ¿A quién denuncias al cabrón de turno? Porque no creo que en emergencias fuesen a ayudarte mucho, igual tendríamos que recurrir a la famosa frase de Bruce Willis y decirles “¿Y qué cojones se cree que estoy haciendo? ¿Pedir una pizza?”. Sin embargo, la pregunta del millón, la que más inquietud provoca y la que más nos encoge las tripas es…

10- ¿Qué nos depara el futuro?
¿Coches voladores y acuáticos a los que se les estropea el GPS en medio del mar? ¿Cruceros espaciales que, por error, filtran el oxigeno al espacio? ¿Servicios técnicos que te mantienen postrado en tu silla de oficina? ¿Androides asesinos presidiendo el gobierno? ¿Se convertirá el futuro en una especie de Futurama? ¿Será más bien una pesadilla dickensiana? ¿Se cumplirán las profecías de Isaac Asimov, pero los robots se calarán y se les olvidarán los principios de la robótica, perpetrando brutales genocidios, para que luego el servicio técnico diga “ya se sabe, los robots se cuelgan”?

De todas formas, no lo sabemos. Aun así, ruego a todos los estudiantes de ingeniería que lean esto que, por el amor de Dios, recapaciten, construidnos, por favor, un futuro, por lo menos, en el que podamos morir por causas naturales. Aun así, aprovecho para daros un consejo: cuando lleguen las vacaciones, viajad, disfrutad de la brisa invernal, alejaos de las complicaciones, desconectad y volved con las pilas cargadas, dispuestos a disfrutar de nosotros tanto como nosotros disfrutamos tratando de haceros disfrutar, porque, citando al célebre Isaac Asimov: "El aspecto más triste de la vida actual es que la ciencia gana en conocimiento más rápidamente que la sociedad en sabiduría".

Cura sana…


…culito de rana. Esta frase cobra un nuevo significado, pues ayer descubríamos que tras ya dos años intentándolo, Barack Obama ha conseguido llevarse al huerto a los congresistas y aprobar su propuesta de reforma sanitaria. Aún saltan de alegría varios colectivos como el de los trabajadores sin seguro, los parados y las víctimas de Chuck Norris.
Las novedades que aporta la reforma incluyen más facilidades para adquirir un seguro sanitario, el aumento de impuestos para los más ricos, un aumento de la cobertura de prescripción de medicamentos para la tercera edad y un coro de enfermeras que cantan la canción infantil con la que abrimos el artículo a los enfermos.
Lo cierto es que son unas medidas bastante loables, a pesar de la oposición de los republicanos más conservadores. Parece que no va a pasarles más eso de que sea más difícil operar a un carpintero de apendicitis que a un magnate de un tumor cerebral, pero eso habrá que verlo.
No es raro que en el país conocido como “la tierra de las oportunidades”, que exporta el “sueño americano”, que no es otro que llegar más alto que nadie, y educa a sus hijos en la más fría competitividad para sobrevivir por encima del vecino, se dé más facilidades a quien mejor puede pagarlas… con ese currículum no es de extrañar. Pero no quiero unirme a la masa de gente que critica algo antes de dar una oportunidad (lo que parece ser todo el mundo), y quiero centrarme en otro sistema sanitario que pide una reforma tan a gritos que todo su personal médico precisa de sonotones al jubilarse: el sistema sanitario español.
¿Y que mejor manera de empezar un análisis, por somero que sea, del sistema sanitario español, que remontándonos a sus orígenes? La respuesta es tan simple como aterradora: Francisco Franco. Es bien sabido que basta con acercarse a cualquier defensor del franquismo para que éste defienda al innombrable con tres argumentos: viviendas de protección oficial, seguridad social y pantanos. Cualquiera podría decir que son los tres únicos aspectos en los que España avanzó algo desde el 39 hasta el 75, pero el buen franquista sabe que puede aferrarse a estos aspectos cual clavo ardiendo (esto me da que pensar sobre algo interesante aunque fuera de tema y solo por poner un ejemplo: desde que en Alemania claudicó el nacionalsocialismo y hasta ahora, no ha aparecido ninguna estatua de Hitler, ni nadie diciendo que en realidad no fue tan malo, ni ningún ex-miembro del partido nazi en el gobierno: misterios de la evolución humana).
Sin detenernos en esto (ni en lo bien que suena decir que en España tenemos estado del bienestar y todas esas gaitas), vamos a ver qué es lo que tenemos en realidad:
- En primer lugar tenemos los edificios: consultas, ambulatorios, hospitales y demás centros de salud, que se caen a pedazos y son del año de la pera. He visto gente curarse automáticamente por no entrar en esos edificios decrépitos.
- El personal que nos atiende: entiendo perfectamente que trabajar en algo así tiene que ser deprimente por mucha vocación que haya de por medio, pero sinceramente creo que hacen castings para coger a las enfermeras con más mala hostia del panorama euro. El otro día estaba en urgencias cuando una señora se acercó a una enfermera y la dijo “no oigo nada por este oído y el otro me duele”, a lo que la enfermera contestó sin detenerse siquiera “bah, para lo que hay que oír”. ¿Pero cuanto ácido ha tenido que asimilar el cuerpo del responsable de recursos humanos del hospital para que ese súcubo me atienda de urgencia? Es justo lo que necesitamos cuando vamos a urgencias, que al darle los buenos días a una enfermera ella nos conteste “¡pues mira quién fue a hablar!”.
- La organización: Aunque aquí lo parezca, no es muy divertido que te echen de una habitación a las cinco y media de la tarde porque las visitas están prohibidas hasta las cinco en punto de la tarde. Aunque para diversión, que te ingresen en una habitación que compartes con veinte personas, aunque en realidad solo tiene dos camas… ¿Que cómo puede ser? ¿Un misterio a la altura de la Santísima Trinidad? Algo parecido, porque más o menos sucede por obra y gracia de esos veinte ocupantes, que, tal y como suponíais, son gitanos. ¿Por qué? Porque no hay gitano que esté en un hospital y no se pase por el forro de los cojones la norma de solo una visita por paciente. Estás convaleciente de una operación y tienes al lado un panorama similar a Pearl Harbor durante el ataque, pero en familia. Sin embargo, todo esto carece de interés a la vista de que las propias enfermeras se lo pasan todo por el forro: ¿Qué pone “puerta cerrada, peligro de contagio”? ¡Pues abierta de par en par! ¿Qué el viejo ese necesita que le pongan un enema? ¡Se lo ponemos al lado del de la gastronteritis! Es muy difícil permanecer en un hospital un día sin contagiarte con al menos tres cepas distintas de virus estomacal… ¡Muchas gracias, personal!
- El overbucking: Cada vez que alguien en un aeropuerto se queja de los problemas de retrasos y overbucking le mandaría a un hospital público para que se tuviera que sentar en el suelo porque en ninguno de los ocho pisos hay un solo asiento en ninguna de las salas de espera, o para que esperara durante diez minutos un ascensor que no llega junto a media docena de viejas dispuestas a hundir sus uñas en su carne y a perforarle con sus dentaduras postizas con tal de no quedarse fuera, para acabar subiendo hasta el último piso por las escaleras sin aliento ni para pedir una camilla para que le ingresen a él también, cosa que no podrá hacer porque tienen problemas de espacio y se están viendo obligados a dar el alta a la gente en cuanto se despierta de la anestesia, pero claro, ¿cómo va a haber espacio si la mitad de la población gitana del país está repartida en tres habitaciones? ¿Qué? ¿Que tu vuelo a Cancún se ha retrasado un par de horas? ¡Vete a tomar por el culo, que es a donde te van a mandar cada vez que vayas a ver a tu médico de cabecera al ambulatorio más cercano, porque están jodidamente saturados! ¿Será porque todos han decidido ponerse malos a la vez? No, es porque el gilipollas de turno decidió que era más rentable gastarse una millonada en… yo que sé… financiar una película completamente vomitiva sobre unos veinteañeros hasta las cejas de todas las drogas existentes, en lugar de un par de putos ambulatorios nuevos para que todos podamos respirar un poco mejor… Esta vez las gracias se las doy a la Sinde, que todos nos acordamos mucho de ella, y de su familia.
- Las comparaciones, que son odiosas: Todo el mundo dice que los mejores médicos son los que están ejerciendo en la sanidad pública, pero cuando Leticia, o Letizia (Joaquín Sabina, ese cerdo mentiroso y sin escrúpulos) Ortiz se pone de parto, o la disgusta su nariz o tiene diarrea (porque la realeza también hace de vientre), se va a la Clínica Ruber Internacional… eso da que sospechar, ¿no? Sin embargo, ponerse a pensar sobre esto es llegar a la conclusión de que no se trata de que los médicos sean mejores, sino de, en comparación, los médicos de la sanidad privada operan con un buen instrumental, y los médicos de la sanidad pública anestesian con un mazo.
Al fin y al cabo, tras este análisis del regalito del caudillo, hemos concluido que la seguridad social no es otra cosa que unas instalaciones asquerosas a rebosar de gente atendida por la gente con la peor mala hostia del mundo y todo organizado por un mono adicto al prozac. De esto podemos sacar un par de lecturas: Una de ellas es que el regalito que nos dejó el franquismo es como que te regalen una patada en los huevos. Otra de ellas es que, en lugar de financiar nosotros mismos nuestras necesidades sanitarias en un sitio más o menos decente, financiamos con nuestros impuestos una basura pero “tirada con muy buenas intenciones”… ¿Y quién dice que el sistema no funciona?

Como sobrevivir…


… una semana sin ordenador, porque si alguien lo sabe, que me lo explique. Para el lector más avezado quizás haya resultado un tanto extraño el hecho de que la semana pasada ese viejo avión con Leslie Nielsen continuase donde debería estar una nueva imagen, con su correspondiente nuevo artículo, y podría explicároslo y daros una disculpa sin detenerme demasiado en el tema, pero prefiero que lo viváis a través de mis palabras. Por cierto, la excusa es que… uuuy, si ya lo traía todo hecho, pero me dejó tirado el ordenador.
Esta excusa es por lo general el Abc del escaqueo (sobre todo si eres informático), pero llega un punto en el que ya huele a chamusquina:
− Gutiérrez, ¿Ha traído el informe?
− Pues no se lo va usted a creer, pero resulta que el ordenador se me ha colgado y se me ha borrado el informe…
− ¡Que sorpresa, Gutiérrez! Solo es la quinta vez esta semana…
Y es que parece una excusa barata, pero cuando pasa, duele en el alma. Si, yo he visto gente por las calles llorando y desgarrándose las camisas como Marlon Brando en Un Tranvía Llamado Deseo (aunque en el barrio donde vivo son más bien el Cigala en la boda de su primo), porque se les había colgado el ordenador. A la madre de Bill Gates ya no es que le piten los oídos, es que no puede ni salir a la calle sin tapones para los oidos, que va Bill y la dice:
− Mami puertas, mami puertas…
Y la otra:
− ¿¿QUE??
Nunca se había acordado la gente tanto de la madre de alguien desde que Aznar se fue a pasar unos días a las Azores.
Pero es que la cosa no es para menos, porque tú estás tranquilamente en tu casa con tu ordenador haciendo dos posibles cosas: ver porno (80% de posibilidades) o cosas que no son ver porno (20% de posibilidades), que cada uno usa la banda ancha como quiere. El caso es que llega un momento en el que el ordenador hace PUM (ha habido casos en los que hasta ha salido humo), y no sé qué es lo peor, si que te pille haciendo lo primero o te pille haciendo lo segundo, porque como estés trabajando y de repente el ordenador se cuelgue es como una patada en la boca, pero que cuando estás en tu clímax onanista el ordenador deje de funcionar es como si te pegasen una patada en los huevos justo cuando te estás recuperando de la patada en la boca de antes.
Bien, tú te recuperas del shock inicial de que el ordenador te ha dejado tirado (normalmente shock violento), pero te tienes que enfrentar a un shock mucho más fuerte: repararlo. Lo típico es formatear. Buscar un Windows de donde sea, meterle a piñón en el ordenador y volver a empezar de la forma más digna posible, pero… ¿y si con el Windows no es suficiente? Aquí hay un terrorífico añadido al shock: no tienes ni puta idea de cómo arreglarlo.
El pánico hace ya tiempo que ha comenzado a cundir, pero ya llega tu novia (o novio, en gran variedad de casos), te da dos hostias y te grita:
− ¡TIENES QUE CALMARTE!
Tú te repones tanto como puedes y llamas al servicio técnico de la empresa donde compraste el ordenador, y la escena es más o menos así:
− Servicio técnico de Mediamarkt (porque ellos no son tontos, pero tú sí que lo eres un rato)
− Buenas tardes, he tenido una avería.
− De acuerdo, señorita, proceda a explicar su avería.
Seas una grácil bailarina o un curtido albañil de voz aguardentosa, te va a llamar señorita… es inútil que te revuelvas contra el poder supremo. Sigo:
- Verá, estaba elaborando un informe (mentira, estabas viendo porno, si no, no lo dirías) cuando de pronto me salió un pantallazo azul y el ordenador se apagó. He probado a formatear, pero no hay manera.
Tras un silencio tan tenso que Freddy Krueger se mearía en los pantalones, la voz de la operadora vuelve a sonar en el auricular:
− Señorita, ¿Ha comprobado si el ordenador está enchufado?
− ¿Es usted gilipollas? ¡Y no me llame señorita!
− Está bien, señorita, no se altere, iremos haciendo comprobaciones para dar con el problema.
Después de media hora de una llamada que estás pagando tú, en la que la operadora te ha llamado señorita como ciento cincuenta veces, acabas tan hasta los cojones que acabas por gritarle a la operadora que mande a un técnico a recoger el ordenador y que lo arregle, o tú mismo lo triturarás con tus propios dientes.
− De acuerdo, señorita…
− ¡SOY UN HOMBRE!
− Vale, señorita, entre las ocho de la mañana del miércoles y finales del mes que viene, un técnico acudirá a su casa a recoger el ordenador.
− ¿Y no podría ser un poco antes? Es que me corre un poco de prisa.
− No se preocupe, señorita, nos daremos toda la prisa que podamos.
Y tras esa repugnante mentira, cuelgas el teléfono sin atreverte ni a mirar al ordenador a la cara… suponiendo que tenga cara. Porque, a pesar de que hace un año que tienes el ordenador y antes de eso despotricabas constantemente sobre lo nocivo de vivir en una sociedad gobernada por la competitividad y las tecnologías, ya ni siquiera concibes tu vida sin ordenador… a eso se le llama criterio, sí señor.
Finalmente, parece que los dioses se han apiadado de ti y a las 12 de la mañana del día siguiente, el técnico se está llevando el ordenador, y tú te mueres de angustia al pensar que todavía queda una semana hasta que te lo traigan arreglado… como mínimo. Porque la operadora se escaqueó, pero solo hay una profesión donde se escaqueen más que las operadoras y operadores: los informáticos. Finalmente, los técnicos te traen el ordenador y para ti es como si vieras a Dios en persona… ¡Por fin puedes recuperar tu vida!
Para terminar, quiero regalaros una reflexión: ¿Por qué consentimos que los ordenadores se cuelguen, si no lo hace ningún otro aparato? Me estoy imaginando a una persona en estado vegetal, enganchada a un montón de máquinas, y de repente se calan todas, y la familia, en lugar de llorar, diciendo: es que los respiradores ya se sabe, se calan… mala suerte.
En definitiva, no desaprovechéis oportunidades de alejaros del ordenador, ya hemos matado al porno codificado, pero todavía podemos salvar al canal 47.

Don presenta: cagadas deportivas

Seguimos con las cagadas deportivas. Esta semana os mostraré los riesgos de ser un sucio tramposo... no, mejor explicado aún, los riesgos de ser un tramposo gilipollas... no, mejor aún, los riesgos de ser un gilipollas inconsciente... bueno, que aquí está el video. Pensáoslo dos veces antes de hacer trampas.